somos polvo

 

Miré al cielo y encontré estrellas, enormes fragmentos de algo flotando a millones de kilómetros de distancia pero que, sin embargo, desde mi perspectiva lucen pequeños y vulnerables. Eso, perspectivas, ilusiones.

Me pregunto como nos verán las estrellas desde allá. ¿Pequeños e indefensos? ¿Pedirán deseos cuando nos ven caer? ¿Nos extrañan cuando las nubes nos ocultan bajo su manto? ¿Viven sus vidas siguiendo nuestros caminos? ¿Estudiarán nuestros movimientos? Mi respuesta fue no, no lo hacen, nadie lo hace pero tenemos la necesidad de hacernos creer que sí.

Vivimos nuestras vidas en base a lo que los demás digan, recorremos los caminos que otros han recorrido, cumplimos las metas que nos imponen, somos predecibles, cotidianos, simples, básicos. Lo sabemos pero nos negamos a creerlo. Construimos imágenes distorsionadas de nosotros mismos, engrandecemos nuestros nombres colocándole títulos: Licenciados, abogados, doctores, ingenieros ¿Esto hace alguna diferencia? ¿El titulo de humano no te dice nada?

Tenemos reglas, códigos, leyes, normas, modelos, costumbres, razonamientos, teorías y doctrinas que debemos cumplir ¿Para qué? Salirse del camino es impensable, hablamos de civilización pero mantenemos costumbres primitivas, el más fuerte es el que sobrevive. Inventamos el tiempo y limitamos nuestras vidas.

Creemos en la vida después de la muerte, en dimensiones alternas, en reencarnaciones, en cielos e infiernos ¿Nos cuesta tanto aceptar que algún día tendremos que partir? Jugamos a ser eternos pero no lo somos, en el fondo sabemos que no lo somos. Nos engañamos.

Somos polvo y lo podemos comprobar, somos parte de un sistema que nos consume, nos envuelve, nos agota, nos dirige sin piedad. No se detiene por nadie, nos hace iguales, insensibles, máquinas de consumismo. Olvidamos nuestras raíces, seguimos las reglas, vivimos de acuerdo al código y todo para que al final terminemos bajo tierra, alimentando al planeta que nos vio nacer, al que le dimos la espalda. Y nadie puede evitarlo.

Somos polvo y nos conviene aprender a volar, libres, sin rumbo, sin miedo, sin rencor. Improvisar antes de calcular, sentir antes de pensar, vivir antes de soñar.

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