lost

Últimamente he despertado con una sensación de vacío que no me sé explicar. Como si las luces del mundo, de mi mundo, se hubieran apagado y anduviera a ciegas, con las manos al aire tratando de encontrar el camino correcto. No sé a dónde quiero ir, sin embargo, tengo la necesidad de llegar.

Siento una extraña ambición de gobernarlo todo, de ir más allá de los puentes que he construido y los muros que he derribado. La victoria ya no me sabe igual, los trofeos son solo objetos vacíos que ocupan espacio y no dicen nada. La nada se ha convertido en mi todo y no veo porque eso esté mal.

¿Soy inseguro? Sí, lo acepto. ¿Tengo miedo? ¡Por supuesto!

Y la verdad es que detesto estos días, los días en los que me siento perdido. Los días en los que la luna no brilla, no me sigue, no me inspira. Detesto las sonrisas falsas y las oraciones de apoyo vacías. Detesto al que ofrece ayuda pero no está dispuesto a darla. Detesto a la gente que oye pero no escucha. Detesto pensar pero no actuar.

Y sé que todo esto es culpa mía, y sé que soy yo quien dirige mi vida y que soy el único que puede sacarme del pozo existencialista al que decidí entrar. Sé que mañana será otro día y que vendrá con una nueva oportunidad para volver a empezar, lo sé, lo entiendo y lo espero.

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